Nuestra Historia
Liss Salas creció en Cúcuta, Colombia, rodeada del jardín de su casa. Su madre la llevaba a caminar por el paisaje y ella aprendió, sin saberlo todavía, a mirar la naturaleza de una manera que pocas personas aprenden: con la atención de quien sabe que lo que ve puede desaparecer en cualquier momento.
Años después estudió diseño de modas en Bogotá. Pero la naturaleza no la abandonó. La siguió. Y en 2018, junto a su esposo Jonathan, descubrió algo que cambiaría el rumbo de su vida: que una orquídea colombiana real podía convertirse en metal precioso sin perder ni un solo detalle de su textura, sus nervios, su silueta exacta. Que la fragilidad de una flor podía volverse la solidez del metal. Que un instante podía detenerse para siempre.
De esa curiosidad nació Liz de la Cruz.
Una técnica que no existe en ningún otro lugar
Lo que Liss y Jonathan desarrollaron se llama fundición orgánica. No es un molde. No es una resina. No es una copia de una flor. La flor real — con toda su fragilidad, con toda su complejidad — entra al proceso y se transforma por completo en bronce de alta pureza o plata ecológica, conservando cada nervio, cada curva y cada textura exactamente como la naturaleza los creó.
Luego cada pieza recibe un baño en oro de 24k, oro rosa, o se trabaja directamente en plata ecológica — una plata recuperada mediante proceso electrolítico de radiografías médicas en desuso, sin minería, sin extracción. El resultado es una joya que nadie más tiene, porque la flor que la originó ya no existe en ningún otro lugar del mundo.
Colombia: el jardín más diverso del planeta
Colombia es el país con mayor diversidad de orquídeas del mundo. Liss cultiva muchas de las flores en su propio taller en Bogotá y colabora con viveros campesinos de distintas regiones del país, valorando la biodiversidad local y el trabajo artesanal. Cada especie tiene su propio carácter: la Phalaenopsis con su elegancia serena, la Maxilaria con su textura silvestre y voluminosa, la Cyrtochilum de edición rarísima que pocas personas en el mundo han tenido la oportunidad de ver en una joya.
Llevar una joya de Liz de la Cruz es llevar un fragmento de esa biodiversidad. Una flor específica, con su propio origen, su propia historia y su propio momento, detenida para siempre.
Cada pieza se entrega como merece
Todas nuestras joyas llegan en una caja de cartón Earth Pact, fabricada a partir de residuos de caña de azúcar, sin blanqueadores ni plásticos. Si es un regalo, podemos incluir una dedicatoria escrita a mano. Porque una joya irrepetible merece llegar de una manera que también lo sea.
Liz de la Cruz llega a Madrid
En julio de 2026 abrimos en Madrid. No como una marca que se expande — sino como una joyería colombiana que quiere que Europa conozca de primera mano lo que significa llevar la naturaleza inmortalizada. Porque hay cosas que no se explican en una fotografía. Se sienten cuando tienes la pieza en las manos y descubres que cada nervio de esa orquídea sigue ahí, exacto, eterno.
Ninguna flor es igual a otra. Ninguna joya tampoco.